AZUA.- Con mucha expectación se iniciaron en las ruinas de Pueblo Viejo de esta localidad sureña los trabajos arqueológicos que buscan los restos del célebre cacique Enriquillo, quien en 1519 se sublevó contra los colonizadores españoles.
La iniciativa de ubicar los restos del líder nativo que en el siglo XVI encabezó la primera y más grande rebelión indígena de América, y que falleció el 27 de septiembre de 1535, es auspiciada por el Programa de Proyectos Especiales de la Presidencia (PROPEP).
De manera oficial, las pericias son realizadas por la afamada arqueóloga dominicana Kathleen Martínez, acompañada de un equipo de colegas griegos, quienes con rigor científico y mucha esperanza emprendieron la búsqueda de los vestigios del líder taíno que se rebeló contra el abusivo dominio español.
Martínez manifestó su emoción por dicho proyecto, que definió como único y especial, ya que tienen la esperanza de lograr la meta de conseguir los restos del cacique Enriquillo, quien lideró por 14 años el alzamiento en las montañas del Bahoruco contra los maltratos y vejaciones que recibía su pueblo.
Sostuvo que además se propone documentar ese yacimiento arqueológico, ya que esos trabajos en Pueblo Viejo de Azua serán un referente para explorar otros sitios arqueológicos existentes en las regiones de la República Dominicana.
Allí también estuvo la escritora Lidia Martínez de Macarrulla, ideóloga y pionera del novedoso proyecto, quien destacó cómo la persistencia convirtió las ruinas de Pueblo Viejo en un laboratorio de historia tras la huella del primer guerrillero de América.
“Llegó el momento de hacer honor como se merece a ese líder indígena, quien enfrentó al imperio más poderoso de esa época para luchar y conseguir la libertad de su pueblo, que fue el cimiento de lo que es hoy la República Dominicana”, sostuvo Martínez de Macarrulla.
Asimismo, el gestor cultural Julio Merán expresó que estas acciones de búsqueda del cacique Enriquillo, a 491 años de su desaparición física, demuestran una simbiosis entre el guerrero y su herencia taína, quien enfrentó a los españoles obligándolos a pactar la paz en 1533.
De su lado, el sacerdote Rafael Cuello, quien bendijo el acto de apertura de dichos trabajos, resaltó el legado del cacique indígena, definiendo a Enriquillo como “un gran guerrero, un gran defensor y amante de su pueblo”.



