lunes, 20 de abril de 2026

 


Por: Lic. Julio Rodríguez

Mao, Valverde. - En medio del auge de las redes sociales y la inmediatez informativa, surge una reflexión necesaria sobre el verdadero rol de quienes comunican y de la sociedad en general ante situaciones de emergencia.

A propósito del reciente hecho ocurrido en Santiago, donde un chófer perdió la vida en circunstancias que han generado consternación, se ha puesto en evidencia una conducta preocupante: la priorización de grabar contenido por encima de brindar auxilio a una persona en estado crítico.

Si bien es cierto que la labor informativa implica mostrar la realidad tal cual ocurre, no menos cierto es que existe un límite ético que no debe ser cruzado. La búsqueda de “likes”, comentarios o seguidores no puede ni debe colocarse por encima del deber humano de asistir al prójimo.

Este caso invita a una profunda reflexión social. Más allá de lo legal donde podrían existir debates sobre la responsabilidad por omisión, el cuestionamiento es esencialmente moral: ¿en qué momento dejamos de ser humanos para convertirnos en simples espectadores de la tragedia?

La comunicación no solo informa, también educa y orienta. Por ello, es fundamental promover una cultura de empatía, donde la vida y la dignidad humana sean siempre la prioridad.

Porque, en definitiva, muchas veces la mejor noticia no es la que se graba…

sino la vida que se logra salvar.

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