martes, 22 de septiembre de 2015

Santo Domingo,- Sin barrotes, ni rejas, en 22 casas guardan prisión 84 adultos mayores, con edades entre 60 y 85 años, en un centro especial  para  hombres envejecientes ubicado en Haras Nacionales, La Victoria.

Habitan allí desde el 21 de febrero de este año, fecha en que comenzó a funcionar  ese centro, con capacidad para 150 personas. Se trata de una iniciativa del Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria de la Procuraduría y el Consejo Nacional para Personas envejecientes (Conape). Los primeros inquilinos fueron 93, de los cuales 83 fueron trasladados desde la cárcel La Victoria.

De los 84 recluidos en la actualidad, 77 son dominicanos, cuatro haitianos y tres holandeses.

Aunque son adultos mayores, la directora del centro, Nelsida Pepén, apunta que tratan de que se mantengan activos para que sean productivos, pero verificando primero su situación de salud fÏsica y psicológica.

La mayoría participa en diferentes actividades: 20  en el programa de alfabetización Quisqueya Aprende Contigo; 15 en un curso de hortalizas; 18 en agricultura; 15 en uno de repostería y 10 en uno de inglés. Alrededor de 15 trabajan en labores agrícolas, sembrando diferentes rubros.  

Ellos mismos se ocupan de mantener organizada su habitación, aunque algunos no pueden hacerlo por su condición física o de salud, ya que 47 son hipertensos y 20 diabéticos. Además, cuatro tienen discapacidades en sus extremidades inferiores.

Reciben asistencia médica y psicológica en un consultorio donde son atendidos por varios especialistas. En esa área se deben depositar los medicamentos que lleven familiares, porque según contó Pepén, los internos no pueden tenerlos en las habitaciones, sino que son medicados en el consultorio.

Como en otros centros, desde las 6:30  de la mañana empieza la rutina del día, con el baño personal, limpieza y organización del alojamiento.   

Pero a diferencia de otros recintos carcelarios, el horario de recogimiento es a las 8 de la noche, porque por ser adultos mayores necesitan más horas de descanso, según explicó Pepén, quien es psicóloga.  Desayunan a las 8 de la mañana, y el almuerzo a las 11:45, con un menú preparado cada semana por las autoridades y especialistas del centro, alimentos que son suministrados por la Procuraduría.  

Pepén explica que el objetivo de elaborar el menú es que reciban una alimentación balanceada. De la preparación de los alimentos se encargan dos cocineros nombrados por la Procuraduría, que reciben la ayuda de algunos internos.

No se permite la entrada de comida. Todo lo que consumen se los proporciona el centro. En un economato pueden adquirir  productos, entre ellos dietéticos para aquellos que lo ameritan.  Tampoco pueden manejar dinero, sino un ticket para hacer compras.

Las visitas son los sábados, de 9 a 11:30 de la mañana, y de dos a cinco de la tarde. Cada privado de libertad puede recibir cuatro personas por turno, pero a unos 20 nadie los va a ver.

“Ellos generalmente reciben muchas visitas; pero tenemos algunos que sus familiares no los visitan”, señala Pepén. Expresa que los más adultos, sus familiares se mantienen atentos a ellos, al igual que personal del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (Conape).

El centro en nada se asemeja a las tradicionales cárceles, pues lo único que indica que se ha llegado a un penal es la presencia de los Agentes de Vigilancia y Tratamiento Penitenciarios (VTP), que están en la entrada uniformados.  

Alojamiento
Techadas de block y tabla, y cobijada de zinc, cada casa consta de tres habitaciones, una sala y un baño, en la cual habitan seis internos.

Cada habitación posee dos camas de un solo nivel. En la sala y en cada habitación tienen un abanico de pared. Cuentan con un televisor pantalla plana, de 32 pulgadas, con servicio de cable, una mesa plástica, seis sillas del mismo material, y una nevera tipo bebedero. Cuentan con área de lavado con tres lavadoras.

En la sala está pegada una hoja con las calificaciones sobre el comportamiento de cada interno que está alojado en la casa. Los envejecientes se siente bien allí, aunque sin dejar de añorar su libertad. “Aquí es mejor, yo mismo me encuentro mejor, aquí estoy en lo fresco, aquí tengo mi cama. Si quiero agua hasta me la buscan, todo lo que necesito me lo buscan, nada más tengo que pedirlo”, afirma Antonio Martínez, quien está recluido por homicidio, al quitarle la vida a un señor en Yamasá, que según dijo, vivía amenazándolo, por lo que se cansó de aguantar esa situación.  Martínez fue condenado a 30 años, 15 en un centro de corrección y 15 en un asilo.

Al compararlo con la cárcel de Monte Plata, donde duró más de cinco años, asegura que se encuentra mejor en el centro.    

Similar valoración tiene Arsenio Ramírez, de 69 años, quien anteriormente estuvo recluido en La Victoria  por más de un año. Persona con discapacidad producto de la diabetes que padece, cree que si hubiese continuado en La Victoria ya se habría muerto.  

“Ir a La Victoria son los primeros pasos para llegar al infierno, no es fácil, si me hubiera quedado allá estuviera muerto”, comenta.  Aunque se siente  mal por estar preso, reconoce que en el centro lo tratan bien y que el personal es bueno. Está acusado de violación sexual en perjuicio de una nieta, menor de edad, según él, de forma injusta.  fuente-listindiario.com.do
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